Magic Markers | Videos explicativos

¿Por qué hay desabastecimiento en Venezuela?

Publicado el_
6.3.2015

Para los que acaban de sintonizar esta noticia, desde hace un tiempo se ha intensificado el desabastecimiento en Venezuela. La gente tiene que hacer fila durante horas para conseguir leche, pero en polvo, porque la otra no se consigue. Hay escasez de mantequilla, queso y también de carne de res, pollo, harina, azúcar, aceite, arroz, café, papel higiénico, pañales, detergente, cloro y champú. Mejor dicho, hacen falta productos básicos para la vida cotidiana. La pregunta es ¿por qué?


Algunos se refieren a los intentos de sabotaje por parte de los opositores, otros culpan a Maduro como un líder mucho menos carismático y capaz que Hugo Chávez. Y, como éstas, hay muchas explicaciones. La caída del precio del petróleo, por ejemplo, es una noticia particularmente mala para Venezuela. Sin embargo, el verdadero problema, el estructural, es que Venezuela implementó una serie de medidas económicas y, aunque estaban inspiradas en buenas intenciones, el tiro está saliendo por la culata. 


Pero antes de hablar de medidas económicas, pongámonos en contexto. Cuando los expertos dicen que la economía venezolana está fallando, la idea de fondo es que Venezuela, en lugar de economizar recursos, los desperdicia. Así de puntual es el problema. Pero, ojo, desperdicio no es sólo botar agua o dejar la luz prendida. Desperdicio es usar los recursos en vano, cualesquiera que esos recursos sean: tiempo, espacio, talento humano, conocimiento, no importa. El punto es que Venezuela, el país con la mayor reserva petrolera del mundo, está sufriendo de desabastecimiento porque hay 30 millones de personas que no logran coordinarse para ofrecer bienes y servicios, al menos no de forma eficiente. 


Entonces, si en efecto esto es lo que está pasando, busquemos la evidencia. Un buen lugar para comenzar es PDVSA, que es como Ecopetrol pero en Venezuela. Por extraño que parezca, además de extraer petróleo y venderlo en el exterior, PDVSA importa alimentos para distribuirlos como parte de su misión de abastecer al pueblo venezolano. No es que esto esté mal en sí mismo, ni tampoco que este hecho pueda explicar el desabastecimiento, pero es muy diciente que una petrolera sea la entidad elegida para entregar alimentos. 


Ahora piensen en la burocracia en Venezuela. Por ejemplo, para importar productos, hay que comprar dólares, pero resulta que en Venezuela el Estado es el que vende dólares y entonces hay que pasar por un proceso burocrático que puede durar meses antes de importar cualquier cosa. Por otra parte, las empresas nacionalizadas en este momento no producen ni una cuarta parte de lo que producían antes y, en cambio, se pasan su tiempo llenando formularios, solicitudes, informes y todo tipo de papeleo para poder hacer su trabajo. Para colmo, se han perdido toneladas de alimentos que se pudrieron en almacenes porque nadie los llevó al punto de entrega. Eso sin mencionar la corrupción que se come los recursos del país y las fallas de coordinación que hacen que todo sea más lento. 


Y lo más grave es que este fenómeno se alimenta de sí mismo. El tiempo que los venezolanos gastan haciendo filas para poder comprar los productos que necesitan es una consecuencia del desabastecimiento pero también es la causa de más ineficiencia. Estamos hablando de millones de horas humanas que se van a la basura y que se hubieran podido utilizar para de mejorar la situación del país. 


Otra fuente de desperdicios es el esfuerzo que gasta el gobierno venezolano vigilando que nadie compre más de la cuenta o que no vendan en mercados negros. Claro, como no hay comida suficiente, muchas personas compran todo lo que se pueden llevar, pero eso sólo intensifica el problema del desabastecimiento. Entonces, el Estado decidió implementar controles para identificar a los compradores y evitar que acaparen muchos productos. En algunas zonas del país se llegó al extremo de usar tecnología biométrica para realizar estos controles. 


Esos son algunos ejemplos. La pregunta es: ¿por qué está pasando todo esto? Y aquí es que entra la carreta teórica. Coordinar los esfuerzos de millones de personas es algo que desborda las capacidades de cualquier grupo de funcionarios. La mayoría de los gobiernos no se ponen en el trabajo de decidir cómo se deben utilizar los millones de recursos que tiene un país, literalmente, millones. Lo que hacen es establecer las reglas del juego. En la práctica, no centralizar la economía implica coger un problema descomunalmente grande y romperlo en muchos pedazos; en lugar de que alguien pregunte, ¿qué debe hacer el país? Todos los ciudadanos se preguntan: ¿Qué voy a hacer yo? ¿Qué compro? ¿Qué vendo? ¿En dónde trabajo? Y la suma de esas decisiones individuales determina el rumbo de la economía. Pero, y este es un gran pero, para que esta estrategia funcione, la gente necesita comunicar información constantemente. Información del tipo: “alguien debería llevar este pescado a la ciudad” o “yo traigo madera” Y también: “preste pa’ acá que yo arreglo barcos”. La clave del mercado como mecanismo para economizar recursos está en que son los precios los que informan a la gente de lo que está pasando. Pérdidas y ganancias, en un sentido puramente económico, son indicadores de eficiencia o de ineficiencia. Entonces, sin pedirle permiso a una autoridad centralizada, cada individuo toma sus propias decisiones, esas decisiones afectan los precios y los precios comunican esa nueva información para que otras personas puedan tomar otras decisiones. Y así: una y otra vez. El resultado global es que millones de personas trabajan, más o menos, de forma coordinada. 


Dicho todo eso, volvamos a Venezuela. Resulta que, en los últimos años, Venezuela pasó de tener una economía coordinada por precios a una economía centralizada. Aquí es que aparecen las medidas económicas. Lo primero fue ponerle un precio fijo a los productos que ahora escasean y ponerle un precio dólar. Esto comenzó en el 2003. La idea era que todos los venezolanos, ricos o pobres, pudieran comprar los productos de la canasta familiar y que la moneda venezolana se mantuviera fuerte con respecto al dólar.  Obviamente, el gobierno trató de fijar precios ―comillas― justos, pero la gracia de los precios es que se adaptan a lo que está pasando mucho más rápido de lo que se puede enterar un funcionario del Estado. Y lo que está pasando, o lo que habría de pasar, fue inflación.  


Poco después de regular los precios, el gobierno venezolano invirtió enormes cantidades de dinero en políticas sociales y esto generó un desbalance gigantesco en las cuentas. Y por supuesto, el problema no son las políticas sociales sino el desbalance. Básicamente, la plata que entraba por impuestos y ventas de petróleo no era suficiente para cubrir esos gastos. La única alternativa para mantener ese modelo era imprimir más dinero, algo que los gobiernos hacen con cierta frecuencia. Sin embargo, cuando la cantidad de dinero en circulación aumenta y el número de bienes y servicios sigue siendo el mismo, se produce la famosa inflación. Básicamente, los precios suben para ajustarse a la nueva realidad. La nueva realidad siendo “hay más billetes, pero sigue habiendo la misma cantidad de leche”. Pero, como estaban controlados, en lugar de subir, los precios se convirtieron en cifras absurdas. 


Acto seguido, los productores y los distribuidores de alimentos empezaron a quebrarse y muchos se fueron del país porque el negocio dejó de ser rentable. La producción se cayó en cuestión de unos años. Entonces, el gobierno se dedicó a nacionalizar buena parte de estas empresas, algunas porque quiso y otras porque había que subsidiar los costos de producción. Por ejemplo, el Estado adquirió más de 10.000 hectáreas de fincas ganaderas en los últimos años. El problema es que el gobierno no tiene la misma experiencia que las personas que antes manejaban esos negocios. Y, lo que es más grave, tampoco tiene la información necesaria para tomar decisiones eficientes porque, cuando se desligan los costos de producción de los precios, no hay nada que nos informe de si esto es más eficiente que aquello. Básicamente, el país comienza a navegar a ciegas. Todo se hace con burocracia, con indicadores, con instrucciones centralizadas que llegan demasiado tarde. Ahí tenemos una buena parte de la explicación.


La otra parte o, por lo menos, otra muy grande, fue la caída de las importaciones. Ya dijimos que dólar tiene un precio artificial en Venezuela. Pues bien, como sólo el Estado vende a ese precio, conseguir dólares se volvió la titánica burocracia que mencionamos al principio. El gobierno debe elegir a quién se los da y con qué propósito porque, a ese precio, no le alcanzan para todos. Y como si fuera poca cosa determinar cuál es la mejor manera de gastar esos dólares, o sea, el clásico problema  de tener una economía centralizada, además, el gobierno debe partir de la desconfianza porque existen demasiados incentivos para la corrupción. Por un lado, está el mercado negro, que también es una consecuencia de regular los precios. Todo aquel que logra comprarle al Estado un dólar o un pollo puede revender esas cosas, pero  mucho más caras. Y por otro lado, está la dificultad de controlar que nadie se robe los recursos públicos. Para que se hagan una idea de la dimensión de este problema, el gobierno reconoció que se han perdido al menos 25.000 millones de dólares por culpa de la corrupción. Entonces, ni modo, ahora Venezuela debe invertir una enorme cantidad de recursos para asegurarse de que otros recursos, como los dólares, se usen de forma adecuada. Eso implica supervisar las importaciones, vigilar los procesos de producción y controlar el comportamiento de los ciudadanos. El resultado: más desperdicio y más ineficiencia. 


Y con eso, volvemos a la idea inicial. Como habrán notado, esta historia tiene una moraleja, bastante reciclada a estas alturas del siglo XXI, y es que debemos distinguir entre los ideales que inspiran una serie de medidas económicas y las consecuencias de esas medidas. Por ejemplo, el desabastecimiento. Después de todo, no son los ideales los que nos dan de comer, sino el modo en que usamos los recursos que tenemos. 

Volver al inicio
YouTube Magic Markers - Videos explicativosFacebook Magic Markers - Videos explicativosInstagram Magic Markers - Videos explicativos