Magic Markers | Videos explicativos

¿Cuál es el problema con Uber?

Publicado el_
19.4.2015

Aquí tenemos al taxi, mejor conocido en los rincones de las leyes colombianas como el servicio público de transporte terrestre automotor individual de pasajeros. Y por si no lo conocías, te presentamos a don Uber, un servicio vestido de blanco y bien parecido que está siendo acusado de romper las reglas del juego. ¿Por qué? La respuesta es enredada, pero nos muestra cómo las regulaciones del Estado, aunque necesarias, pueden poner las cosas patas arriba y afectar la calidad del servicio de transporte que reciben los ciudadanos. 

Los taxis y Uber ofrecen un servicio similar aunque a distintos mercados: ambos recogen personas para llevarlas desde donde están hasta el lugar que ellas quieran. O por lo menos, esto es lo que se espera. Uber es más caro y no todos lo usan, pero los taxistas están perdiendo parte del trabajo que antes tenían. La cuestión es que éste no es un contexto de competencia como cualquier otro; el mundo de los taxis está lleno de regulaciones y en la medida en que Uber se ha saltado esas regulaciones, se dice que es un tipo de competencia injusta. ¿Qué tanto sentido tiene ese argumento? Ya veremos, pero podemos anticipar que lo realmente injusto es el modelo de negocio de los taxis; es injusto con los taxistas.

Para divagar por las calles en busca de pasajeros, lo primero que un taxista necesita es el carro. Pero, para tener un carro amarillo, se necesita un cupo. Este cupo es el derecho que adquiere un vehículo a prestar el servicio de taxi y cuesta 90, 100 o más millones de pesos. O sea que, sumando el cupo y el carro, la inversión para entrar al negocio de los taxis puede llegar a ser enorme. Este tipo de inversiones muy pocas veces pueden hacerlas los conductores mismos ―se dice que sólo el 10% de ellos son a la vez propietarios―, así que la mayoría le maneja el carro a otro que sí puede hacer la inversión. Además de esto, se debe pagar la afiliación a una empresa de taxis, rodamientos, una mensualidad por servicios de radioteléfono, mantenimiento, etc.

Y ¿cómo gana el conductor? En este negocio no hay salario. En muchos casos, la persona tras el volante debe pagar diariamente una cantidad definida al propietario más un ahorro obligatorio por si daña el carro, pagar la  tanqueada, eventuales pinchadas, Internet y la lavada, entre otras cosas. De ahí, lo que le sobre, es su sueldo. Por esta razón muchos conductores ni siquiera están afiliados a una EPS ni hacen sus aportes a pensión. Aun así, con estos y tal vez otros gastos, es que el taxista llega a la calle a hacer su trabajo.

Ahora, pasemos a Uber. Realmente, Uber es una plataforma digital que conecta a pasajeros con conductores. Tanto los unos como los otros deben inscribirse en esta plataforma; los pasajeros, con su tarjeta de crédito, pues por este medio se le harán los cobros, y los conductores, con su vehículo. Uber, la empresa tecnológica, se encarga de revisar que el conductor y el carro estén en buenas condiciones para prestar el servicio. Por su trabajo de intermediario toma el 20% de los pagos que hacen los pasajeros.

Acá en Colombia, Uber se conoce principalmente por los carros blancos de servicio especial. Estos carros han sido el centro de atención porque, según el Decreto 174 de 2001, los vehículos de transporte especial no están autorizados para prestar el servicio de transporte individual de pasajeros, sino que deben trabajar con turismo, empresas, colegios y también con particulares pero en unas condiciones especiales que enredan la discusión.

Por esto se determinó que, en Colombia, los carros de Uber están prestando un servicio ilegal. Pero, lo que está de fondo es una discusión sobre competencia injusta en el marco de las regulaciones. Es más costoso trabajar como taxista que trabajar para Uber. Primero, porque un carro de servicio especial no tiene que pagar el costosísimo cupo, sino que su inversión, entre carro y demás gastos, está por los 40 millones. Y segundo, porque las tarifas que cobra Uber por el servicio no están reguladas por el Estado, como sí lo están las de los taxis, o sea que Uber tiene la posibilidad de cobrar más caro. Parece injusto, entonces, que por una inversión muchísimo menor se perciban ganancias muchísimo mayores. O por lo menos, así parece desde el punto de vista de los taxistas. Desde el punto de vista de los usuarios ―y son ellos los que pagan por el servicio― esta discusión parece absurda porque ellos quieren un servicio mejor, aunque sea más caro. Entonces,  sí, es ilegal, pero ¿por qué existen esas regulaciones en un principio?

Se supone que las regulaciones del Estado buscan el bienestar de la Nación y de sus ciudadanos. Que alguien pueda andar por la calle recogiendo a cualquier persona en su carro a cambio de dinero es un servicio necesario pero también es un peligro. El conductor o el pasajero podrían atentar uno contra el otro. Pero además de la inseguridad, muchos carros en circulación son un problema porque congestionan y desgastan las vías, lo que tiene varias consecuencias negativas para todos. Finalmente, y tal vez este es un comentario más para economistas, las leyes de oferta y demanda no funcionan del todo en este contexto, porque los pasajeros no están en posición de comparar precios. Por todo esto, es normal que el Estado se preocupe por regular el servicio de los taxis, por el bien del servicio mismo.  Ahora bien, ¿qué tan efectivas son estas regulaciones?

El servicio de los taxis es relativamente seguro y relativamente confiable, pero no podemos negar que existen los paseos millonarios, taxis piratas, robos a conductores, carros en malas condiciones, cobros ilegales de tarifas, taxistas que conducen como locos o que se niegan a hacer determinadas carreras, vías congestionadas y un largo etcétera. Nada justifica este comportamiento por parte de los taxistas (y obviamente, no estamos hablando de todos) pero tal vez no nos debería sorprender tanto que ocurran estas cosas porque hay una relación entre las regulaciones del Estado, las condiciones de trabajo de los taxistas y el servicio que reciben los usuarios. 

El Estado, pensando en evitar la congestión, dio un número limitado de permisos para que los taxis operaran en la ciudad. Estos son los famosos cupos. Y esos cupos, por razones que no son del todo claras, se compran y se venden entre particulares. Mejor dicho, está a la venta el derecho de ofrecer un servicio público. Los precios de los cupos son altos porque son un bien escaso y esos costos repercuten en la calidad del servicio. Para los dueños del taxi, que deben recuperar la inversión en el cupo, el negocio está en cobrarle una renta al taxista y, obviamente, la renta es alta porque el cupo es caro. A su vez, el taxista debe hacer todo lo posible para conseguir ese dinero y algo más para él. Pues bien, ese “todo lo posible” es la razón principal de que haya tantos problemas con el servicio.

Entonces, aparece Uber. Los taxistas argumentan que es competencia injusta porque los conductores de Uber no viven espichados entre los costos del negocio y la tarifa que impone el Estado. Pero eso no tiene nada que ver con Uber; el verdadero problema es que trabajar como taxista es injusto independientemente de si existe Uber o no. Y lo que es todavía más curioso, Uber, junto con muchas otras aplicaciones, le está mostrando al mundo que existen soluciones tecnológicas que pueden ser más efectivas que las regulaciones que hemos usado hasta ahora, tanto para el control y la calidad del servicio como para la protección de pasajeros y conductores. 

Por el lado de la seguridad, Uber hace un riguroso proceso de selección de los conductores y de los vehículos. Y, lo que es más importante, Uber registra todas las interacciones que ocurren dentro del sistema. Se sabe quién pidió un carro, en dónde está el carro, quién es el conductor y además usuarios y conductores se califican entre sí. Se han presentado algunas quejas sobre el servicio de Uber, obvio, pero lo interesante es que el sistema aprende de estos errores. Uber tiene un límite de quejas que puede recibir un conductor o un pasajero. Después de pasar el límite, los infractores son expulsados de la plataforma. En cuanto al uso de la infraestructura del Estado, es increíblemente fácil cobrarle impuestos a Uber. Y, finalmente, por el lado de los precios, Uber tiene un sistema de pagos automático que evita triquiñuelas con la tarifa y, más aun, puede adaptar sus precios a la oferta y la demanda, pero eso tendrá que ser un tema de otro video. 

El punto es que, en lugar de preocuparnos por regular a Uber bajo ideas anticuadas, tal vez deberíamos pensar en las oportunidades que ofrece la tecnología digital y aprovechar este debate para hacerle frente a los problemas que hemos vivido desde hace mucho tiempo: los problemas logísticos que tienen los reguladores, las condiciones adversas que enfrentan los taxistas y el mal servicio que sufren los usuarios. 

Volver al inicio
YouTube Magic Markers - Videos explicativosFacebook Magic Markers - Videos explicativosInstagram Magic Markers - Videos explicativos