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Corea del Norte: ¿Qué onda con ellos?

Publicado el_
12.1.2018

Corea del Norte. ¿Qué onda con ellos y su arsenal nuclear? 

La historia va más o menos así. En la primera mitad del siglo XX Japón tuvo un episodio agudo de locura imperialista y durante muchos años invadió la península de Corea. Luego, Japón fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial por Estados Unidos, que detonó una bomba nuclear en Hiroshima y otra en Nagasaki, y después de esto quedó pendiente el tema de sacar a los japoneses de la península coreana. 

La división entre Corea del Norte y Corea del Sur se remonta a ese momento. Estados Unidos y la Unión Soviética, que en ese entonces eran aliados, entraron a Corea para sacar a los japoneses y, como tenían una relación complicada entre sí, acordaron limitar sus áreas de influencia usando como frontera el paralelo 38. Se suponía que, cuando la situación se estabilizara, el país sería reunificado. Pero ambas superpotencias tenían una idea distinta de cómo debería ser el gobierno coreano y los dos bandos terminaron apoyando gobiernos locales que no se reconocían entre sí. Esto ya es pura lógica de Guerra Fría.

Apenas se fueron los gigantes de ahí, Corea del Norte, ya comunista, armada con arsenal ruso y liderada por el abuelo del actual dictador, invadió Corea del Sur. Nada contenta con esto, la ONU convocó tropas de todo el mundo (incluyendo un batallón colombiano) y esa coalición de países se encargó de luchar contra el ejército norcoreano.

La guerra terminó en una suerte de empate porque la ONU fue tan exitosa en su campaña que llegó casi hasta la frontera china y, los chinos, al sentirse amenazados, decidieron unirse al bando norcoreano. El conflicto escaló y, cuando se apareció la perspectiva de una guerra nuclear, no hubo más remedio que firmar un armisticio. Cada cual se dedicó a militarizar su lado de la frontera, que quedó muy parecida al mismo paralelo 38, y desde entonces Corea sigue dividida.

En las décadas que siguieron, se consolidó una dictadura comunista con una clara política militar por encima de cualquier otra cosa. En la narrativa de Corea del Norte, la guerra nunca terminó.

Pero con el paso del tiempo el panorama geopolítico se volvió muy diferente. A final de siglo la Unión Soviética ya no existía, China se había llenando de Mcdonalds y en la estela de estas grandes transformaciones quedó una Corea del Norte extremadamente pobre, armada hasta los dientes y terriblemente oprimida por su propio gobierno. Sabemos que millones de personas han muerto de hambre, sabemos que miles han sido torturados y que otros muchos son prisioneros políticos forzados a trabajar. También sabemos que de noche no se ve ni una luz prendida. Pero todas estas cosas pasan a segundo plano en los noticieros porque Corea del Norte, a partir de 2006, se convirtió en una Estado con poder nuclear. 

Entonces, hablemos de eso. ¿Cuál es la obsesión de Corea del Norte con sus bombas y sus misiles?

Corea inició su programa nuclear cuando desapareció su aliado más poderoso, la Unión Soviética. Y ese programa despertó el interés de la comunidad internacional. Clinton les ofreció comida y ayuda humanitaria a cambio de que abandonaran el camino nuclear. No funcionó. Bush los castigó con sanciones económicas y los presionó para que dejaran sus bombas. Tampoco funcionó. Obama se quedó esperando estratégicamente y la situación siguió igual. 

El tema es que, entre más pasa el tiempo, más evidente es el hecho de que Corea del Norte o, más puntualmente, el régimen que gobierna allá, no tiene ningún interés en dejar de lado su arsenal nuclear. ¿Por qué? Porque la única razón para abandonar las armas sería una negociación con el resto del mundo y casos como el de Hussein en Irak y el de Gadafi en Libia le muestran al dictador coreano que no es fácil ser dictador, negociar con Estados Unidos y salir vivo de la experiencia. 

Así las cosas, las armas nucleares son un mecanismo de protección para el régimen. Los norcoreanos saben que podrían desaparecer del mapa en cuestión de horas y, en ese sentido, no se trata de empezar una guerra que es imposible de ganar. Se trata más bien de mantener internamente una narrativa de guerra perpetua que justifica cualquier sacrificio del pueblo en nombre del ejército y la defensa. Y de cara al resto del mundo, se trata de enviar un mensaje de destrucción masiva que garantiza la soberanía del Líder Supremo y la continuidad del régimen.

Ni Trump ni Kim Jong-un tienen una razón real para atacarse. Lo que sí tienen es la necesidad de abrir la jeta, de amenazarse. Ambos están obligados a proyectar una imagen de violencia imposible de confundir. Ambos van a repetir una y otra vez que donde el otro se atreva a atacar, será destruido. La cuestión es que Corea tiene más trabajo en esta obra de teatro. Mientras que Estados Unidos puede acabar con el mundo entero, Corea del Norte sólo tiene misiles capaces de alcanzar a Seúl, Tokio, Guam y si acaso Alaska. Pero no le llegan hasta Washington o Nueva York. 

Y ahí aparecen las noticias de ingeniería que vemos cada tanto. Los coreanos primero deben desarrollar un misil balístico intercontinental y luego deben diseñar una bomba atómica lo suficientemente pequeña como para ponerla en la cabeza de uno de esos misiles. Ya están cerca de lograr el primer paso y, hasta donde sabemos, todavía están lejos del segundo. Pero incluso si logran desarrollar un misil nuclear capaz de llegar hasta Nueva York, esto no será suficiente porque la naturaleza de las guerras armamentistas es que nada nunca es suficiente. 

Ahora bien, las noticias que sí nos deberían llamar la atención son todas aquellas relacionadas con China por la simple razón de que Corea del Norte sobrevive gracias a su país vecino. China no ha cooperado en años anteriores porque, para ellos, el colapso de Corea del Norte implicaría una crisis de refugiados en su frontera y tropas estadounidenses más cerca de lo que ya están. Nada de eso les conviene. Sin embargo, China está cambiando de postura con relación al hermano bobo que tanto la avergüenza en contextos internacionales: entre más se interesa China por comerciar con el resto del mundo, entre más se estrechan sus lazos con la comunidad internacional, más le resulta injustificable ayudar a la peor dictadura que existe en el planeta. 
Y ojo, si China deja de enviarle recursos a Corea del Norte la crisis humanitaria puede ser todavía peor y la situación más inestable. Pero todo el mundo opina que esa es la única forma de ejercer presión externa. O sea que el plan es aislar por completo a Corea del Norte y esperar a que el régimen colapse o que algún coreano, no necesariamente los que mandan ahora, esté dispuesto a negociar. 

Para ser claros, la situación no es chévere y es probable que tengamos que esperar varios años para ver cómo se resuelve.

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