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¿Cómo ser un buen emprendedor?

Publicado el_
2.3.2020

Emprender con método

A todos se nos ocurren grandes ideas. Pero sólo unos pocos se obsesionan con ellas, les dan vueltas día y noche, cuando van a dormir, cuando se bañan, a la hora de la comida.

Y es que sabemos que ellas tienen un gran valor para la sociedad y, claro, para uno mismo. Por eso, los emprendedores sentimos pasión, estamos comprometidos, tenemos las ganas, la visión y la determinación. Y esos son valores esenciales... para dar los primeros pasos.

Sin embargo, lo que suele ocurrir es que, a pesar de las ganas, no pasa nada. ¿Por qué? ¿Acaso no son buenas nuestras ideas? ¿Acaso hay que estar bien conectado o nacer con suerte? 

Pues, una de las principales razones para que las ideas no vayan más allá de la cabeza es la falta de método. Por supuesto, hay ideas con un gran potencial. Pero el verdadero emprendedor es el que sigue un plan. Y eso ya está inventado. 

Les mostraremos cinco pasos: definir un problema con precisión pensando en las necesidades de nuestros beneficiarios; imaginar una gran variedad de soluciones, evaluarlas y escoger las mejores; hacer prototipos que pongan las ideas a prueba; estructurar con claridad el modelo de negocio; y tener un discurso de ventas bien definido. 

Nada de esto ocurre sólo en la cabeza de una persona. Es necesario formarse, conocer el método en detalle y, sobre todo, conversar, compartir y construir una comunidad de colaboración para que la idea salga adelante, se materialice y sea sostenible.

Siguiendo estos pasos, el emprendimiento ahora está en tus manos. 

Definir el problema

El primer paso del emprendimiento que se hace siguiendo un método es observar la realidad buscando problemas que puedan convertirse en oportunidades.

Véanlo así: toda empresa existe para hacerle la vida mejor a los demás. Por ejemplo, un restaurante puede servir comida más rica, más nutritiva, más barata, o puede ofrecer un espacio más cómodo, más romántico, más cerca… En fin, algo tan básico como “servir comida” en realidad puede tomar formas muy diferentes como soluciones a problemas también diferentes.

La piedra angular de un emprendimiento con método no es una buena idea sino un buen problema, es decir, un problema bien definido que sabemos a quién afecta. Pues en últimas, el éxito del emprendimiento es que haya clientes o usuarios a los que uno les resuelve algo.

Entonces, les proponemos dos conceptos que guían la búsqueda de problemas: empatía y sistematización.

La empatía consiste en ponerse en los zapatos del otro para tratar de ver las cosas que le ofrece su entorno y pensar si están bien, si se pueden mejorar o si hay algo que falte. Así que la empatía es fundamental para identificar oportunidades de emprendimiento. Con ella logras ver el mundo desde una perspectiva que no es la tuya y encontrar problemas que tú podrías ayudar a resolver.

Luego viene la sistematización, pues no basta con observar problemas desprevenidamente; hay que precisarlos, definirlos con claridad. Para eso debes recolectar datos, organizarlos, agruparlos, filtrarlos, pulirlos, pensar sobre ellos y sacar conclusiones que te ayuden a madurar las buenas ideas.

Así pues, el resultado del primer paso será la definición clara del problema o los problemas que tu emprendimiento podría resolver.

Ideación

Ya tienes el problema bien definido. El paso siguiente es imaginar soluciones. Y recuerda que acá estamos tratando de ser metódicos, entonces no basta con mirar el problema y decir “yo creo que esto debería ser así” y lanzarse al agua con un emprendimiento, sin más.

No. Vamos por pasos. Paso uno: pensamiento divergente. Acá es cuando nos ponemos creativos. Supongamos que el problema que encontraste es que unas personas tienen abandonadas cosas que a otras personas les podrían servir. Entonces, te sientas con tu equipo y arranca la lluvia de ideas. Uno dice: ¡podríamos ser el Uber de la chatarra! Es decir, una aplicación que une a los que les sobra con los que necesitan. A otro se le ocurre que sería mejor programar eventos de intercambio. Otras ideas podrían ser grupos de Facebook por localidades, un sitio web de clasificados… y así, muchas ocurrencias. ¿Y son buenas? ¿Son malas? Por lo pronto no importa; estamos en la fase divergente. Lo que sí importa es pensar desde muchas perspectivas, ojalá desde muchas disciplinas, considerando todos los ángulos del problema.

Y luego, el segundo paso: pensamiento convergente. Descartamos algunas ideas y diseccionamos las prometedoras. Las desmenuzamos para entender cómo se relacionan con la definición analítica del problema y para ver cómo es que cada una de sus partes contribuye a la solución. Y muy importante: tratamos de imaginar cómo podrían fallar. Organizamos todo esto, hacemos una calificación intentando criterios objetivos y escogemos las mejores ideas. 

Si sigues con rigor estos pasos, al final podrás decir con propiedad que tienes una buena idea que da solución a un buen problema.

Prototipo y validación

Seguiste los pasos anteriores. Ahora eres algo más que un soñador embelesado con sus ideas. Sin embargo, los siguientes dos pasos te acercan a la verdadera graduación: crear prototipos y ponerlos a prueba.

Crear un prototipo es salir del plano de la mente y la imaginación al de la realidad, donde otras personas pueden ser afectadas por tus soluciones. ¿Y esto para qué? Para que se manifiesten los problemas que con tu imaginación no pudiste anticipar. Veámoslo más de cerca.

¿Qué es un prototipo? Es un modelo, una versión beta de lo que imaginaste que sería tu solución. Por ejemplo, tu aplicación para darle uso a las cosas que otros tienen olvidadas podría tener un prototipo de papel donde te aproximas a la experiencia del usuario al navegarla. O bueno, podrían ser en imágenes de photoshop o incluso desarrollos sencillos que permitan interactuar con la aplicación sin ofrecer todas las funciones. 

Sabemos que hay ciertos casos en los que no es tan fácil decidir qué cuenta como prototipo. Lo importante es entender que se trata de poner a prueba determinadas características de la solución. Si lo que quieres, por ejemplo, es usar energía solar para un pueblo donde siempre se va la luz, pues hay mucho por probar: el tipo de panel que usarás, la capacidad de la batería, la conexión con los hogares, ¿es energía suficiente para las necesidades del usuario final?... Éstas y otras son las distintas ramas del problema que puedes probar de manera sucesiva con varios prototipos. 

La ventaja es que tanto en la construcción del prototipo como en las pruebas vas a descubrir dificultades para corregir y así tu solución llegará más lejos.

Modelo de negocio

¿Qué es un modelo de negocio? Básicamente es tener claro esto: qué vas a ofrecerle al mercado, cómo lo haces, a quién se lo vendes, cómo lo vendes y, lo más importante, eso cómo genera ingresos. Así de sencillo, pero también de delicado. No tener claro tu modelo de negocio te puede llevar a la quiebra.

Y de nuevo, tenemos que ser metódicos, pues no podemos dejar cabos sueltos. Y gran parte del terreno ya lo tendrás abonado si seguiste los pasos anteriores. Sólo que en este punto amarras a los beneficiarios, el contexto, los problemas y las soluciones desde la perspectiva del flujo del dinero. ¿De qué manera entra dinero y se mueve en ese sistema para que tu emprendimiento sea rentable?

Para esto ten una lista de conceptos como propuesta de valor, segmentos de mercado, recursos clave, canales, socios clave, mecanismo de recaudo, modelos de innovación y gestión de la innovación y aplícalos a la realidad donde antes buscabas problemas y soluciones. Aplicar estos conceptos significa definir un esquema que te dice quién te da la plata, qué ofreces tú para que te la den, qué haces con ella, con quién tienes que compartirla para mantener tu oferta, en qué recursos la inviertes, de qué manera la recaudas (por ejemplo, vendiendo en internet, poniendo una tienda, a través de un tercero) y, finalmente, cuánta te queda.
Digámoslo así: el ingreso es como la sangre de tu emprendimiento, un modelo de negocio definido metódicamente te garantiza que todas las partes quedarán bien irrigadas para seguir con vida.

Pitch

Resumen general: las buenas ideas responden a un problema bien definido y un buen emprendimiento pone a prueba sus buenas ideas con prototipos y define un buen modelo de negocio. 

¿Y ya? ¿Eso es suficiente para triunfar? Pues es la base sólida que todo emprendimiento debe tener. Pero sigue faltando algo y es el discurso (o el pitch). Partamos de un hecho: siempre necesitamos de alguien para que nuestro emprendimiento sea exitoso, sean aliados, clientes o inversionistas. En cualquier caso, para contar con su participación, primero hay que convencerlos. Si tú eres el único que cree que tu idea cambiará el mundo, pues, algo está mal. 

Entonces, ¿qué se necesita para un buen discurso? Lo fundamental: hablar de algo que a la gente le importe. Esfuérzate por tener muy claras las preguntas que tiene tu público para ofrecerle respuestas adecuadas. Vuelve y juega la empatía: son sus preguntas las importantes, no la brillantez de tu idea. Así que conoce muy bien a quién le hablas, entiende sus motivaciones, sus intereses. 

Y luego atiende otros consejos: cuenta una historia que empiece por el problema, que dé cuenta de la pertinencia de tu solución, que sea clara, que muestre tu diferencia, presenta el modelo de negocio, se ágil, evita tecnicismos…

En fin, hay muchos cosas para tener en cuenta, pero lo que nunca puede faltar al momento de estructurar tu discurso es aquel que te va a escuchar. Tenlo siempre en mente y que sean sus preguntas (las que con empatía logras imaginar) lo que guía tu presentación.

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