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¿Cómo se usa la tilde?

Publicado el_
2.5.2018

Bueno, ¿cómo es el tema de las tildes? ¿Esto tiene reglas? ¿Tiene lógica? Pues reglas, sí. Lógica… mmm,  se podría decir que tiene y en este video vamos a desenredar el tema.

En su sentido más básico, las tildes existen para marcar el acento de las palabras. La idea es que si tú te encuentras con una palabra que nunca en la vida has escuchado, con un golpe de vista sabrás cómo suena, su música.

Y es que los acentos importan. Por ejemplo, es diferente decir que un libro es público, que yo publico un libro y que el libro se publicó en tal fecha. Las tres cosas suenan diferente, son palabras diferentes y es el acento lo que las distingue. La tilde está ahí como para decir “hey, aquí está el bombo”.

Pero rápidamente nos encontramos con un problema y es que todas las palabras con más de una sílaba tienen acento en algún lado, pero la mayoría de palabras no tienen tilde. Entonces, por favor, que alguien nos explique qué está pasando.

La historia real probablemente es compleja y está llena de notas al pie, pero nos podemos inventar un cuento de mentiras para transmitir lo que está de fondo.

Supongan que estamos a punto de publicar las reglas de la escritura del castellano (cosa que nunca ocurrió, la escritura fue mutando con la lengua seguramente) pero supongamos que estamos en un día fundacional en el que vamos a definir las reglas y ya acordamos que se usará un trazo, la tilde, para  marcar el acento de todas y cada una de las palabras. Pues justo ese día aparece un tipo mamón y dice:

—Oigan, esto de la tilde es ineficiente.

Y todos le preguntan como:

—¿Por qué? ¿Por qué dices eso?

—No, pues es que me parece un poco tonto gastarnos un trazo más en cada palabra para indicar en dónde va el acento, siendo que en muchos casos es innecesario. El español tiene estructuras que se repiten varias veces, estructuras frecuentes. Y nosotros podemos usar esas estructuras para ahorrarnos tildes.

Por supuesto, nadie entendió esa idea, así que nuestro personaje explicó que la mayoría de las palabras son graves. Es decir que llevan el acento en la penúltima sílaba. Palabras como:

meta

rama

carro

lago

risa

mira

clara

alto

nube

roto

juego.

Y también palabras más largas:

camino

bicicletas

ventana

hormiga

abuelo

arrodillan

tambores

marcaban

acentos

Y hay otra cosa importante. Todas las palabras de esa lista terminan en n, s o vocal. Y eso no es casualidad. Así es el español, o el castellano, como prefieran. En nuestra lengua la mayoría de las palabras terminan en vocal y cuando no, terminan o en n o en s. Entonces podemos imaginar que nuestro personaje muy orgulloso afirmó que es posible eliminar como el 90% de las tildes, aprovechando la repetición de esa estructura, con la siguiente tabla.

Si una palabra es grave y termina en n, s o vocal, pues no le ponemos tilde porque eso es lo más normal del mundo.

mico

nevera

cubo.

Lo cual quiere decir que si es grave y termina en otra letra entonces sí le ponemos tilde.

cárcel

cadáver

árbol

También se sigue que cuando una palabra es aguda, es decir que tiene el acento en la última sílaba, el mismo esquema funciona al revés: tilde cuando termina en n, s o vocal,

están

estás

está

miró

saltó

comió

camión

acción

quité

volveré

Y sin tilde cuando no. Por ejemplo, ningún verbo lleva tilde porque todos son palabras agudas que terminan en r.

comer

saltar

salir

morir

beber

Y por supuesto, lo mismo aplica para palabras agudas con otras letras raras, como reloj, carcaj.

Ahora, ponerle tilde a las palabras que sólo tienen una sílaba sería estúpido porque no hay ningún acento que marcar. Entonces esas tampoco.

la

ir

a

sin

con

ver

va

ya

es

Prrr, nada de tildes por ahí.

Pero ¿qué pasa con las palabras más, digamos, rítmicas, aquellas que tienen el acento no en la última sílaba, ni tampoco en la penúltima sino más atrás, palabras como antepenúltima, sílaba, rítmica? De hecho, palabras como esdrújula que así se llaman. O sea, la palabra esdrújula es esdrújula.

¿Más ejemplos? Bueno,

Armónica

Santánica

Metálica

Mesiánica

Todas son palabras que llevan tilde, sin importar la letra en que terminen. Y por ahí, de vez en cuando, se van a topar con algo realmente extraño, como quítenmelo, una sobreesdrújula que, por supuesto, lleva tilde.

¿Todo bien? Porque hasta ahí la cosa es simple. Tenemos un modelo que nos permite saber en dónde está el acento y ahorrar tildes en el camino. Todo es muy simétrico y lógico. Lo que pasa es que la misma raya, la tilde, se utiliza para cosas distintas al acento, se usa para marcar la división de algunas sílabas y también para distinguir algunas palabras. Ojo, un mismo símbolo, distintas funciones. Y ahí es que, agh, todo se va al carajo.

Ahora, la tilde como marcador de hiatos o “hiato acentual”. Resulta que las vocales son un problema porque, a veces, cuando hay dos juntas, uno no sabe si se trata de una sílaba o de dos. Por ejemplo, sabiduría. Según las reglas que acabamos de presentar, esa palabra no debería tener tilde porque es grave (sa-bi-du-ri-a) y termina en vocal. Pero si no le ponemos la tilde existe el riesgo de que alguien lea sabiduria pensando que las últimas dos letras hacen parte de la misma sílaba.

Entonces, cuando se encuentran dos vocales que parecen una sílaba, pero en realidad son dos sílabas, como baúl, en esos casos se pone una tilde en la vocal acentuada para marcar esa diferencia. No es una regla bonita, porque hay muchos casos en los que contradice la primera regla:

Existía

Oído

Río

Continúa

...que son palabras graves terminadas en vocal y tienen tilde. Pero bueno. Algo de lógica tiene porque sigue siendo un asunto de acentos.

Luego, los expertos se fueron de vacaciones y algún idiota se inventó un tercer uso para la tilde. Se llama tilde diacrítica y su misión no es marcar acentos sino distinguir palabras.

Cada vez que se encuentren con una palabra con tilde que no debería tener tilde según las dos reglas anteriores, el culpable es esta tercera regla caprichosa y arbitraria, la tilde diacrítica. ¿Y por qué decimos eso? Porque no se usa para distinguir todas las palabras que tienen alguna hermana gemela, como la, la nota musical, y porque se podría usar otro símbolos, cualquier virgulilla, para lograr lo mismo. Se podría usar, qué sé yo, una diéresis. Pero no. Se usa la misma raya por pura crueldad.

Por ejemplo: veamos dos palabras idénticas, como té (de tomar) y te (de “te quiero”). Para distinguirlas, al té de tomar le ponemos tilde. No porque tenga un acento más potente o algo así (aunque hay expertos que dicen que son sílabas tónicas), sino porque queremos distinguir palabras. Lo mismo pasa con el sí de afirmación, que lleva tilde para distinguirlo del si condicional. Si, sí entendieron eso, sepan que, como toda buena regla absurda, la única forma de aprender a usar la tilde diacrítica es memorizando uno por uno los casos.

—¿Que qué?

Sí. Memoria:

él, el

dé, de

más, mas

tú, tu

cómo, como

cuándo, cuando

sé, se

qué, que

Es muy frustrante. Y naturalmente, todos nos confundimos en algún momento. Hay quien le pone tilde a ti, porque ve que mí tiene tilde. Pero resulta que sí hay dos palabras mi, pero sólo una ti. Un enredo.

En fin. Esas son las reglas, esa es la medio lógica. ¿Qué prefieren, un mundo con muchas tildes y pocas reglas o un mundo con muchas reglas y pocas tildes? Pues nos tocó el segundo. Vean una página de un libro al azar.

Pocas tildes. Muchas reglas.

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