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¿Cómo puede el petróleo venderse a menos de cero dólares?

Publicado el_
9.9.2020

Entre las muchas cosas extrañas que han ocurrido durante esta pandemia, vivimos un hecho histórico: el precio del petróleo llegó a números negativos. O sea, el famoso oro negro perdió tanto valor que la gente de hecho llegó a pagar para que otros se lo llevaran. ¿Ustedes entienden esa noticia? Si no, les vamos a explicar.

El precio del barril se define por oferta y demanda. Cuando hay mucho petróleo en el mercado los precios bajan y cuando hay poquito los precios suben. 

Para poner un par de ejemplos, durante la guerra de Irak los precios se dispararon porque la guerra generó inestabilidad en una región muy petrolera y al mismo tiempo países como China e India estaban creciendo a toda velocidad y aumentando su consumo. Había mucha demanda, pero la oferta estaba en duda. Años después, en cambio, los precios del petróleo bajaron con el boom del fracking, que convirtió a Estados Unidos en el mayor productor del mundo; en ese caso la demanda seguía siendo alta, pero la oferta creció todavía más rápido.  

Ahora bien, esa explicación tiene varios asteriscos y tal vez el más importante es el rol que juega la OPEP, la Organización de Países Exportadores de Petróleo. Contrario a lo que su nombre promete, la OPEP no incluye a todos los países exportadores y los que sí pertenecen a ella se ponen de acuerdo para aumentar o reducir su producción con miras a influir en los precios. 

Lo que pasa es que ese cuento es demasiado interesante como para reducirlo a una frase, entonces, hicimos otro video hablando de la OPEP y del precio del petróleo en general. Link en la descripción.

Por ahora, para entender lo del valor negativo solo hay que tener en cuenta que, en marzo, por culpa de una disputa entre la OPEP y Rusia, tanto Rusia como Arabia Saudita se pusieron a producir más petróleo, intencionalmente inundando el mercado, y eso implicó una caída en los precios. 

Entonces, justo cuando estábamos lidiando con un exceso de producción, justo cuando la oferta estaba subiendo, ocurrió la crisis del coronavirus y la demanda se cayó de repente. Piensen en los millones de vuelos cancelados, en los carros parqueados, piensen en todo el combustible que dejamos de utilizar debido a las restricciones sociales que nos trajo este virus. De un momento a otro, nos encontramos con mucho más petróleo del que necesitábamos y el precio se desplomó.

Ahora, una cosa es que los precios estén bajitos y otra que sean negativos. Más allá de que el mercado estuviera inundado, ¿Cómo llegamos a menos 37 dólares por barril? 

La idea de que algo tenga un valor negativo no es tan extraña como suena. Todos tenemos un ejemplo en frente de la nariz y es que pagamos para que alguien se lleve la basura (aunque ese pago sea a través de impuestos). O sea, la basura tiene un valor negativo. Y ojo, no es que la basura sea completamente inútil, muchas veces botamos materiales que tienen valor. El tema es que almacenar basura tiene sus propios costos en la forma de mal olor, suciedad, espacio reducido y, como no se justifica guardarla o siquiera tratar de vender los materiales reutilizables, le pagamos a alguien para que se la lleve. 

Con esa misma lógica, el petróleo no tiene que perder todo su valor para que uno empiece a preocuparse por los costos de almacenamiento. Basta con recordar que el petróleo es una sustancia tóxica y peligrosa, que almacenarlo tiene su ciencia, y de inmediato se vuelve menos misterioso el tema de los precios negativos. En el momento en que empezó a aparecer más petróleo del que muchos estaban listos para almacenar, tocó pagarle a otros para que lo guardaran. Por ejemplo, varios buques que normalmente se usan para transportar crudo de un lugar a otro, fueron contratados para llenar sus tanques y quedarse parqueados esperando a que la situación se normalizara. 

Para colmo, hay contratos que hacen obligatoria la producción y entrega de petróleo con meses de anticipación. La idea en esencia es que dentro de —digamos— 90 días, tú me entregas a mí 5000 mil barriles de petróleo, valorados a 40 dólares cada uno. Ambos nos ponemos de acuerdo y deja de importarnos el precio real que el barril tenga ese día. . 

Ese tipo de contratos tienen sentido porque a los productores no les conviene lidiar con el riesgo de que los precios bajen demasiado. En ocasiones podrían ganar mucho más dinero vendiendo al precio del día, pero el contrato les permite asumir los costos de una operación de varios años sin exponerse a la quiebra cuando los precios caen de repente. Por otro lado, hay gente que se dedica a gestionar el riesgo, que invierte en muchas cosas al tiempo, y para ellos tiene sentido firmar un contrato en el que el precio del barril no es tan alto como el precio que ellos mismos proyectan para el futuro. Es una apuesta. A veces ganan, a veces pierden.

En este caso, la apuesta falló y los dueños de esos contratos salieron perdiendo de una forma tan estrepitosa que lograron hacer historia. Horas antes de que llegaran buques cargados de petróleo con entregas previamente programadas, había gente desesperada tratando de vender los derechos de esos contratos porque sabían que no tendrían un lugar para almacenar todo el petróleo que iba a llegar. Al final lograron venderlos, pero a un valor negativo, o sea, “te pago para que me lo compres y tú te encargas del almacenamiento”. Y así, el oro negro, por unas semanas, se volvió un líquido tóxico que nadie quería tener…

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