Magic Markers | Videos explicativos

¿Cómo (no) funciona el sistema público de pensiones en Colombia?

Publicado el_
21.4.2021

Narración

Les vamos a explicar cómo funciona el sistema de pensiones en Colombia, o más bien, cómo no funciona. 

Pero lo primero es hacer un disclaimer. 

Este video fue financiado por Asofondos, que es la asociación de los administradores privados de fondos de pensiones y cesantías. Nosotros tuvimos total libertad editorial en este proyecto y consultamos otras fuentes, pero no deja de ser cierto que van a ver un video que critica bastante la parte pública del modelo de pensiones y que fue financiado por los que están del lado privado. Si quieren leer eso con suspicacia, los entiendo. 

Para ser franco, este es el tipo de temas que incluso al interior de Magic Markers generan discusiones y desacuerdos. Lo importante es que estamos haciendo honestamente el ejercicio de entender y de explicar un tema que es clave y a la vez polémico. 

Dicho eso, empecemos.

Para acceder a una pensión cuando seamos mayores, todos estamos obligados a contribuir una parte de nuestro sueldo al sistema y podemos elegir si queremos pertenecer al régimen público o al privado. El régimen público, Colpensiones, funciona con un modelo de reparto, es decir que la plata que pagan las personas que están trabajando, los jóvenes, se utiliza para pagar las pensiones de los adultos mayores que ya están pensionados (se les paga un porcentaje de sus últimos sueldos). En el régimen privado, en cambio, uno ahorra plata mes a mes, hay varios administradores que invierten ese dinero, y cuando llega el momento de pensionarse uno recibe la plata que uno mismo ahorró, más los intereses. 

Ahora bien, hay requisitos. En ambos modelos la edad de pensión es de 57 años para las mujeres y 62 para hombres y hay un número mínimo de semanas por las que uno debe pagar si quiere pensionarse. En el régimen público son 1300 semanas y en el privado son 1150. Si por X o Y motivo uno no logra cotizar durante todas esas semanas, entonces en lugar de pensionarse recibe una devolución. El régimen público devuelve la suma de lo que uno pagó a lo largo de la vida, más la inflación. Y el privado devuelve eso mismo, más los intereses reales de haber invertido ese dinero. Finalmente, hay una excepción a los requisitos y es que en el régimen privado uno puede pensionarse por capital independientemente de la edad que tenga o las semanas que haya cotizado. Entre más joven, más costoso es este proceso.

Listo. Eso es lo mínimo que todo colombiano debería saber. Ahora veamos el problema. 

La suma de todo lo que la gente aporta a Colpensiones es de 17,7 billones de pesos al año y las pensiones públicas cuestan 60,4 billones, o sea que el sistema de reparto cuesta el triple de lo que recauda. Ahora, cuando decimos “pensiones públicas” o “sistema de reparto” nos referimos a algo más grande que Colpensiones porque allí también están los llamados Regímenes Especiales que incluyen a los militares (que se rigen por normas diferentes) y también a otros grupos de ex empleados públicos que se pensionaron hace muchos años y quedaron cobijados por normas anteriores. Lo que estamos dejando por fuera es la parte privada porque no genera costos adicionales. [72] Y dicho sea de paso, el régimen privado es bastante joven. Solo tiene 190.000 pensionados porque la ley cambió en el 93 y la edad promedio de los afiliados va por los 35 años. 

El hecho es que tenemos un déficit de 42,7 billones de pesos anuales en pensiones públicas, plata que sale de nuestros impuestos. Y alguien dirá, “¿eso es mucho? ¿es poquito?” Y la respuesta es que es una cifra descomunal. Para que se hagan una idea, en 2019 lo que Colombia recaudó con el IVA fueron 44 billones de pesos. O sea que todo lo que el país recauda con IVA se va casi completo a tapar el hueco de las pensiones.

Y ahora preguntémonos, ¿cuántas personas están pensionadas? Porque, pues sí, puede que el sistema de reparto cueste mucha plata, pero hay que ver a cuántos beneficia. Bueno, solo 2,2 millones de personas tienen una pensión pública. Si incluimos  a los privados, que de nuevo, son poquitos, solo el 27% de los adultos en edad de pensión de hecho tiene una pensión. Y lo peor es que esta tendencia va a seguir. Desde ya sabemos que 4 de cada 5 colombianos no se van a pensionar, ni en el régimen público ni en el privado, porque están demasiado lejos de cumplir con el requisito de semanas.

Ese es el tamaño del problema. Ahora tratemos de darle sentido a esos datos. ¿Por qué hay tan poquitas personas pensionadas? ¿Y por qué cuestan tanto las pensiones públicas? 

El sistema de pensiones tiene registradas a 23 millones de personas, 16 en el régimen privado y 7 en el público. Eso no está demasiado lejos de ser la totalidad de adultos trabajando, pero, de esos 23 millones, solo 9 pagan pensión en un mes normal, 6,2 en el régimen privado y 2,6 en el público. [58] Si bien es obligatorio que todos aportemos un porcentaje de nuestro salario al sistema, ese “obligatorio” es muy entre comillas porque el 61% de las personas no lo hace. Y no es que haya dos grupos estables, unos que sí pagan y otros que no. La verdad es que la gran mayoría paga pero de vez en cuando, de manera que siempre hay 9 millones de personas aportando y son pocos los que repiten de mes a mes. Así pues, cuando llega el momento de pensionarse la gente en promedio ha cotizado 500 semanas, que no es ni la mitad del camino. [24]


¿Y por qué solo 9 millones cotizan pensión? Porque Colombia es un país demasiado informal. Los empleadores evitan hacer contratos laborales, los independientes reportan ganancias inferiores a las que realmente tuvieron y, en general, todo el mundo prefiere hacer negocios sin pagar salud y pensión. Eso unos lo narran como picardía y otros como una respuesta obligatoria ante la urgencia del día a día, pero lo cierto es que el 80% de la gente no cumple ni cumplirá con los requisitos para pensionarse. [75]

Ahora, ¿por qué en régimen público los pocos que sí se pensionan resultan tan costosos? En esta ecuación hay cuatro variables: el porcentaje del salario que uno paga, el número de semanas por las que toca pagar, la edad en la que uno se puede pensionar y la cantidad de plata que recibe como pensionado. Moviendo esas cuatro perillas uno puede agrandar o reducir el déficit del sistema. [53]

Pero más allá de la matemática y las variables, el problema es que, cuando hablamos de pensiones, se nos mezclan dos narrativas. Si las pensiones son una red de apoyo diseñada para proteger a nuestros adultos mayores, si la idea es evitar que la gente caiga en la pobreza cuando ya no puede trabajar, entonces, aunque sea difícil, no es imposible conseguir los recursos necesarios para tejer esa red. Pero, pero, si la idea que uno tiene de una pensión es el merecido descanso después de arduos años de trabajo, si el objetivo es mantener ese mismo nivel de vida que uno llega a tener cuando está trabajando, entonces los costos pueden ser realmente altos. 

¿Cuánto creen que debería ganarse alguien pensionado? ¿Lo mismo que se ganaba cuando estaba trabajando? ¿Lo mismo que aportó? ¿Un salario mínimo? [115] Porque la respuesta a esa pregunta hace toda la diferencia del mundo. En el régimen privado existe una relación directa entre la plata que uno recibe y la plata que uno mismo aportó. Hay un elemento de solidaridad y es que se utiliza un porcentaje de la plata que uno ahorra como un fondo para cubrir los costos de las personas que a duras penas lograron pensionarse y los que logran vivir hasta muy viejos,[42] pero en términos generales la regla es: recibes lo que aportas, más los intereses de tu plata. Evidentemente, si uno quiere tener una pensión alta le toca ahorrar más. En cambio, en el régimen público se aplica un cálculo que poco o nada tiene que ver con la plata que uno aportó. 

En Alemania, en 1880, la expectativa de vida era 39 años. Había una enorme cantidad de jóvenes y muy pocos adultos mayores. Así pues, cuando allá diseñaron el primer sistema de pensiones, un sistema de reparto y no de ahorro, las cuentas eran tan cómodas que decidieron igualar el sueldo final de las personas que se pensionaban. Y, en la medida en que los modelos de pensiones se han replicado en muchos países, esa línea base se mantuvo. [78] Acá en Colombia se paga, más o menos, el 62% del promedio de lo que uno se ganó en los últimos diez años. La fórmula tiene sus aristas, incluye por ejemplo la inflación y el valor del salario mínimo, pero para los que se ganan más del mínimo es más o menos eso: el 62%. En otras palabras, arrancamos con la idea de pagar el último sueldo y luego empezamos a poner más y más restricciones en la medida en que el sistema daba señales de colapsar. Sin embargo, como poner restricciones es algo supremamente impopular nos quedamos lejos de una fórmula sostenible. 

Para entender el problema, imaginen a alguien que, en promedio, se ganaba 5 millones durante sus últimos años de trabajo. El 62% de eso son 3 millones, que es la plata que debemos conseguir. Ahora preguntémonos, ¿cuántas personas necesitamos cotizando mes a mes para poder costear esa pensión? Pues, en la medida en que uno aporta el 16% de su sueldo con un contrato laboral, necesitamos a 4 personas, todas cotizando por los mismos cinco millones que se ganaba nuestro pensionado. O, si prefieren, necesitamos a una persona supremamente exitosa que se gana casi 20 millones. O, siendo más realistas, necesitamos a 13 personas que se ganan millón y medio. El punto es que, entre más plata recibe alguien de pensión en el modelo de reparto, más personas necesitamos aportando para poder cargar todo ese peso. [136] ¿Y eso es sostenible? No. Para nada. Tanto en Colombia como en el resto del mundo los índices de natalidad están bajando y lo que antes era una pirámide demográfica se está convirtiendo en un rectángulo.

Actualmente, en Colombia hay 5,3 trabajadores por cada adulto mayor, lo cual no parece tan malo, pero resulta que, por culpa de la informalidad, la relación entre los contribuyentes y los pensionados públicos es de 1,2 a 1. Por eso es que recaudamos 17,7 billones, nos gastamos 60,4 y el Estado tiene que sacar del bolsillo los otros 42,7. [64] Ah, “¿O sea que si resolvemos el problema de la informalidad el sistema se arregla?”

Si resolvemos el problema de la informalidad tendremos más contribuyentes y, por ende, más ingresos para el sistema pú´blico. Eso sería bueno. Pero, si más personas cotizan de forma frecuente, entonces ese 80% de los Colombianos que no se está pensionando sí lo va a lograr, lo cual está muy bien en términos de cobertura, pero ahora que estamos hablando de sostenibilidad financiera sería un desastre. ¿Quién va a pagar por toda esa gente? ¿Los jóvenes del futuro? [78]

El modelo de reparto que construimos es, literalmente, una pirámide y entre más personas entran más probable es que colapse. Por la misma razón, si la gente que está ahora en el régimen privado se pasara a Colpensiones, entonces el régimen público tendría nuevos ingresos, pero a largo plazo también tendría nuevos costos, y el balance final sería negativo porque se necesita a varias personas para sostener a una. La ironía es que Colpensiones no ha colapsado porque casi nadie se pensiona.

El porcentaje de personas que van a lograr pensionarse es más del doble en el régimen privado: 22%, versus el 8,4% que se proyecta para Colpensiones. Igual, decir “el doble” no es decir mucho porque sigue siendo cierto que la mayoría de las personas se van a quedar sin pensión. El régimen privado, al menos, cubre sus propios costos y, cuando hay que hacer una devolución porque alguien no cumplió con los requisitos, paga 7 veces más que Colpensiones. [80] O sea, no es perfecto, pero sin duda es mejor. 

Entonces, ¿al diablo con la solidaridad? ¿Acaso debemos renunciar a un mundo en el que los que tienen más ayudan a los que tienen menos? No necesariamente. Pero sí nos toca preguntarnos quienes son los que subsidian y quiénes los que salen subsidiados. En el caso de Colpensiones, adivinen cuál de estos dos grupos es el que paga menos y gana más. Acaso son...

A: Las personas que tienen menos recursos y difícilmente pueden ahorrar dinero para su vejez.

B: Las personas que tienen estabilidad laboral a lo largo de varios años y que en la última etapa de su vida ganaron sueldos bastante más altos que los del colombiano promedio.  

¡La respuesta es B! [72]Nos estamos gastando 43 billones de pesos al año en un sistema que, por su mismo diseño, deja por fuera a la mayoría y además se pone a subsidiar pensiones a veces millonarias que van dirigidas justo a las personas menos vulnerables. 

“Ah, pero es que yo trabajé mucho, yo me merezco una buena pensión” Y sí, nadie está negando tu esfuerzo, pero merecer es una palabra fuerte cuando estamos hablando de subsidios. De nuevo, ¿qué se supone que es una pensión? ¿Una red de apoyo para los que más la necesitan? ¿O el merecido descanso para alguien que quiere retirarse? En últimas, son nuestras  expectativas sobre lo que son las pensiones lo que explica un modelo que cuesta mucho y protege poco.

Por ejemplo, ¿ustedes en serio creen que las mujeres ya no pueden trabajar a los 57 años y los hombres a los 62? Obviamente no, pero ¡ay! del que sugiera ajustar esa variable. ¿Conocen a alguien que se puso muy bravo cuando se dio cuenta de que está ganando menos plata por haberse quedado en el régimen privado? Probablemente sí. ¿Y esa persona se preguntó de dónde sale la plata adicional que hubiera ganado en Colpensiones? Probablemente no. El punto es que muchas veces hablamos de solidaridad para defender el modelo de reparto, pero no nos preguntamos quiénes salen perdiendo cuando uno recibe mucho más de lo que pagó. 

Sin ir más lejos, miren esta gráfica. Cubrir el hueco de las pensiones públicas fue el gasto más grande de todo el Presupuesto General de la Nación en 2019, nada costó tanta plata. Mientras tanto, con el 1% de los aportes de las personas que ganan más de 4 salarios mínimos, se financia Colombia Mayor, un programa que entrega 80.000 al mes a los adultos mayores más vulnerables (lo que en jerga se conoce como Sisbén 1 y 2). Si un pedazo de los 42,7 billones que están acá, se fueran a ese programa, entonces Colombia Mayor podría pagar al menos 300.000 pesos mensuales, lo suficiente para elevar a alguien por encima de la línea de la pobreza. [121] Y obvio que eso no es suficiente, obvio que sería mejor pagar más y proteger a más personas. Pero resulta bastante frustrante pensar que el sistema está patas arriba. 

Si en serio queremos tejer una red de protección, deberíamos empezar por aquellos que más la necesitan. Ahora, si también queremos que las pensiones sean una recompensa por muchos años de trabajo y que uno pueda vivir cómodo en su vejez, esa idea no tiene nada de malo. Pero hay que tener claro, primero, que eso es bastante costoso (o sea que pónganse a ahorrar desde ya), y segundo, que el merecido descanso toca ganárselo y eso viene siendo una responsabilidad individual.

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